¿Qué es el Yo profundo?

El yo profundo es una dimensión del ser humano por la que vamos más allá de las apariencias.

El Yo Profundo señala ese nivel o “capa de cebolla interior” que se halla más adentro. Se trata de un espacio de uno mismo que no se ve atrapado por los efectos de la superficialidad propios de lo que suele llamarse como vida “plana” y sin sentido.

Vivimos en una sociedad muy sensible al impacto de la imagen que, a menudo, queda atrapada en los niveles más anecdóticos y accesorios. En realidad, cuando vivimos en las superficies somos más fácilmente manipulables.

La profundidad es un valor. De hecho, cuando alguien quiere expresar verdad, suele decir “te lo digo porque lo siento profundamente”, “créeme, viene de muy dentro”, …

Sentimos que cuanto más profundo sea lo que se nos cuece dentro, más autenticidad y solidez inspira. Sabemos que los árboles de raíces profundas se cimbrean menos ante los vientos y las tormentas; ofrecen el arraigo suficiente como para sostener a quien en ellos se apoya. Por su parte, los seres humanos que han atravesado las etapas más ingenuas o infantiles de su personalidad ofrecen un espacio de referencia más “maduro” y menos influenciable por las corrientes de opinión o influencias seductoras.

Todos los seres humanos queremos ser felices. A todos nos gustaría situarnos en un estado interior de estabilidad y paz interior desde el que gestionar nuestras emociones y hacer una buena travesía de vida. En realidad, las aguas profundas están más “quietas” que por donde corren las agitadas olas de la superficie. A poco que nos adentramos en la orilla del mar y nos sumergimos tan solo un par de metros, observamos que las olas ruidosas pasan por encima sin afectar a la quietud y el silencio de esa hondura. Lo mismo pasa con la vida. A poco que nos adentramos en la profundidad de uno mismo, nos vemos más “a salvo” de los vaivenes y tormentas que experimentamos en nuestra superficie emocional.

Lo profundo es un lugar seguro. De hecho, una vez descubierto, cuando nos despistamos y nos damos cuenta de que nos hemos despistado, sabemos cómo “volver a casa”. Intuimos que los movimientos que hacemos desde lo profundo de nosotros son sanos y sensatos. En el yo profundo somos más inclusivos e integrados, lo que conlleva por hacer aflorar la verdadera naturaleza del ser humano: lucidez, amor y alegría incausada.

El Aula del Yo profundo, es una apuesta por el crecimiento integral y la consiguiente maduración personal. El yo profundo es un espacio sabio que todos poseemos y que surge desde una serena autoindagación no exenta de información y preparación técnica para lograr nuestros objetivos.

A lo largo de los cursos , el alumno vive una aventura de autodescubrimiento que, además de cubrir sus necesidades y anhelos, ofrece avenidas de autoconciencia que nos hacen cada vez más sanos y libres.

Muchos pensadores han considerado que la obra de arte más importante era uno mismo, y muchas leyendas a lo largo de la historia nos han hablado del “camino del héroe” que deja atrás su pasado conocido y recorre el camino. El héroe o buscador se enfrenta a obstáculos que supera hasta encontrar aquello que finalmente buscaba: uno mismo. Una mismidad que no es precisamente la que se haya en las periferias de la vida, sino el tesoro oculto de nuestra naturaleza profunda: compasión y espíritu de colaboración.

Tal vez elijamos pensar que el corazón de la mente y el núcleo raíz de la propia mismidad está en el corazón. Podemos considerar al corazón, no solo como una bomba de sangre o un centro de sentimientos románticos, sino como asiento del Yo Profundo que va más allá de ideologías, creencias y dogmas, y que, a su vez, logra abrazar a todo ser viviente.